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A mí también me gusta ir al cine y pasear… Pero hay tiempo para todo

Mari Asun Arrizabalaga Iriondo

María Asunción Arrizabalaga Iriondo, o Mari Asun como la conocen todos, siempre estuvo dispuesta a ayudar a los demás.  Comenzó a tomárselo como algo fundamental en su vida hace más de 30 años, a raíz de unas reuniones de Acción Católica en las que participó.

Mari Asun, es una de las personas más comprometidas en los programas desarrollados en la Asociación Tercera Porvenir de Sevilla, ayudando a mitigar la soledad de las personas mayores que viven en el barrio del Porvenir, especialmente de las mujeres viudas.

Una de las primeras actuaciones de esta asociación para paliar la soledad de las personas mayores del barrio, se inició de la mano de Mari Asun al poner en marcha los “Martes de Tercera”. Con la excusa de tomar un café, todos los martes por la tarde, empezaron a convocar a mujeres mayores para pasar un rato agradable. Ahora, los Martes de Tercera son toda una institución en la asociación y en el barrio.

Mari Asun explica que, al principio, comenzaron un grupo muy pequeño, con algunas señoras mayores que ella o sus amigas conocían. Pero gracias a la publicidad del “boca a boca”, el grupo creció y ahora se reúnen casi treinta personas cada martes durante más de dos horas.

“Funcionan bien, porque vienen muy contentas” asegura Mari Asun cuando habla sobre el éxito de los “Martes de Tercera”. “Las mayores son muy especiales, porque, a estas alturas, no tienen que venir por quedar bien;  sencillamente si no están a gusto, se van. Tienen que estar muy a gusto para que se queden, afirma entre risas y, generalmente, todas repiten”.

Cada martes por la tarde, a partir de las 17:00 horas, se sigue el mismo procedimiento. Lo primero es tomar un café y merendar. Mari Asun bromea diciendo que “muchas tienen diabetes y esas cosas, pero nunca sobran pasteles”. 

En palabras de Mari Asun, la primera media hora es, principalmente, para charlar mientras toman el café, hablando entre ellas, contándose su semana y conversando de todos los temas que tienen en común.

Después de la merienda, Mari Asun suele leer algún cuento o relato, para que las demás puedan dar su opinión y que todas intervengan. También hacen actividades y juegos para que ejerciten la memoria, como, por ejemplo, alguna adivinanza o un Pasapalabra “flojito”.

Por último, juegan un bingo. Porque Mari Asun opina que este juego tiene, para ellas, muchas cosas buenas. “La primera es que se tienen que concentrar y estar atentas. Hay un silencio total. La que está más sorda, todavía puede escuchar lo suficiente para jugar y la que está casi ciega, tiene al lado una voluntaria que le va ayudando. Pero la que tiene la vista un poquito floja, todavía se defiende lo suficiente, como para hacerlo sola” explica.

Mari Asun tiene claras las razones por las que este juego es tan importante. “Les gusta a ellas, no es complicado jugar, y sobre todo, porque están atentas. Alguna vez que están más entretenidas, si se quedan más tiempo ese día, jugamos dos veces”.

Esta es la programación habitual pero las reuniones, que se desarrollan durante todo el curso escolar, están permanentemente salpicadas por los acontecimientos que proporciona el propio calendario. Así, en vísperas de la Navidad tienen actividades especiales propias de ésta época del año o en torno al día de los enamorados hacen una recopilación de poemas, refranes o dichos populares relacionadas con el día de San Valentín. Y así sucesivamente. Todo ello en un contexto de cordialidad en el cual las personas participantes lo pasan tan bien que muchas están deseando la llegada del martes para reencontrarse con su grupo de amigas, porque este rato de convivencia organizada es una respuesta positiva a las necesidades de tales personas en este momento de su ciclo vital. La labor realizada se ha difundido ampliamente en el barrio y ya han tenido varios casos de personas a las que su propio médico les ha recomendado participar en ésta o en otras actividades de Tercera Porvenir.

Mari Asun siempre ha tenido claro lo del envejecimiento activo, pues antes de pertenecer a Tercera Porvenir tomó parte durante bastantes años en los grupos de Acción Católica de Sevilla, movimiento del que llegó a ser presidenta diocesana. Además, ayudaba en Manos Unidas y en los Centros de Cultura Popular, que estaban dentro de Acción Católica.

“Me encantaron los Centros de Cultura Popular. Porque había mujeres jóvenes con mucho interés por aprender, ya que sus hijos iban creciendo y ellas no eran capaces de responder a las preguntas que les hacían. Y tenían inquietud por aprender”, afirma con seguridad.

Mari Asun nunca se ha planteado dejar este tipo de vida comprometida en acciones diversas en favor de otras personas. Y si en algún momento lo pensó, no lo hizo realidad. Nos cuenta que cuando sus cinco hijos ya eran mayorcitos y a ella le propusieron ir a formarse a Madrid para la animación de grupos en una de las entidades citadas, pensó en decir que no. No sólo por estar unos días fuera de su casa sino porque las responsabilidades posteriores podrían obligarla a reducir el tiempo dedicado a su familia. Pero, como ella afirma, “me dije: antes preguntaré a mi marido y a mis hijos. Así que un día mientras comíamos lo planteé y la respuesta que me dieron fue: si tú te sientes bien haciendo todo eso, por nosotros no es problema. ¡Adelante!. Así que tomé el camino y hasta hoy”. 

Es evidente que su experiencia es positiva porque cuando se jubiló su esposo, ella misma le animó a buscar nuevas formas de participar en acciones sociales más allá de las responsabilidades familiares o de sus propias aficiones. 

La voluntaria asegura “a mí cuando me dicen: Mari Asun tú haces todo eso, porque te gusta. Yo les digo: sí, me gusta, pero también me gusta ir al cine y a la vuelta tomarme una cervecita y dar un paseo. Lo que pasa es que intento compaginarlo porque hay tiempo para todo”.

A sus 70 años, Mari Asun sigue siendo un ejemplo vivo de envejecimiento activo emisor de alternativas para la sociedad y lo hace compaginando sus responsabilidades familiares con su compromiso social. Tiene tres hijas en el extranjero y las visita con regularidad para darles apoyo, por ejemplo, ante alguna racha de salud de los nietos. Pero siempre encuentra la forma de compaginar lo uno y lo otro, los suyos y su apuesta por la solidaridad con los demás, más allá de los lazos familiares. Porque, como afirma esta mujer, que siempre transmite una vitalidad, una alegría y una serenidad envidiables, “es cuestión de organizarse”. Además, ella lo tiene muy claro, seguirá así “mientras que el cuerpo aguante”. 

Mari Asun
Once historias de envejecimiento activo EMISOR