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Hay que hacer que los niños participen en las actividades

Juana Pérez Calvente

Hablamos con Juana Pérez Calvente, de 80 años. Antes de casarse tuvo diferentes trabajos, sobre todo en casas de “los señoritos”, donde fue cocinera, limpiadora o niñera. Aunque nos cuenta que en algunas ocasiones dejó el trabajo cuando intentaban engañarla o le hacían alguna trastada.

La mayor parte de su vida la ha pasado trabajando en casa, pendiente de sus hijos y de su marido. Cuando se casó a los 29 años, decidió dejar todo el trabajo de fuera de casa, para dedicarse a su marido y a sus hijos. Su marido trabajaba en Astilleros y tenía un buen sueldo. “Muchas personas se ponen a trabajar, para ganar dinero, para quitarse de su casa y para tener alhajas y cosas de esas. Y como yo me conformaba con lo que tenía y era muy feliz, pues no trabajé más” comenta Juana.

Durante mucho tiempo sus relaciones sociales eran las habituales de la mayoría de las personas: “me relacionaba con los vecinos, cuando alguno se ponía enfermo le visitaba, como el resto de vecinos, si sabía que algún conocido estaba en el hospital, pues iba a visitarlo y si alguien necesitaba algo, pues, si podía ayudarlo, lo hacía. Pero todo era, como quien dice, por gusto. Todo muy tranquilo y al ritmo que yo quisiera, como sin darme cuenta”.

Hace seis años, cuando tenía 74 años, varias mujeres de la Asociación de Vecinos, de la que ella y su marido son miembros, le propusieron participar en las obras de teatro que la asociación realiza cada año. “El dinero que recaudamos lo entregamos en una residencia para enfermos del sida” explica Juana. Ella ya conocía a las mujeres que organizaban y participaban en el teatro. Eran vecinas de su barrio de toda la vida, en Chiclana de la Frontera. Así que un año le dijeron directamente: “A ti te gusta esto del teatro, ¿no? Pues el año que viene participas tú con nosotras”. Así fue su entrada en este mundo de la participación social. Todos los años ensayan obras nuevas, primero las representan para los propios vecinos, luego actúan en el Teatro Moderno de Chiclana y a veces en otras poblaciones cercanas, siempre con el mismo fin solidario.

Esta fue su primera experiencia participativa, pero desde ese momento le picó el gusanillo y al teatro le siguieron muchos más proyectos que le han hecho salir de sí misma y de su familia para abrirse a otros grupos que le aportan experiencias que no podía imaginar y que le hacen sentirse otra persona. Todo ello sin que la edad sea un freno porque, a pesar de haber sobrepasado ya los 80 años, esta mujer pequeña de mirada inquieta, transmite energía y vitalidad por los cuatro costados.

Tras la experiencia del teatro conoció a la Asociación de Mayores Panzacola, que se encuentra en su mismo barrio, muy cerca de su casa, y entró a formar parte de esta asociación. Allí la cosa es distinta. Por lo que nos cuenta, dedujimos que su participación ahora es mucho más consciente. Sabe lo que quiere y lo busca participando como voluntaria en varios de los proyectos de esta agrupación relacionados con los más jóvenes.

Una de estas actividades en las que participa es el “cuenta cuentos”, una actividad coordinada por su asociación y por técnicos del Ayuntamiento de Chiclana. Varias veces al año van a diferentes colegios a realizar esta actividad. El cuento es el pretexto para establecer unas relaciones intergeneracionales cuya eficacia ya ha sido demostrada por diversas investigaciones. Los niños y niñas acogen muy bien estos encuentros con personas mayores y el resultado repercute de forma positiva como complemento de la formación reglada que reciben del profesorado.

 Pero no todo el mundo vale para esta actividad, como dice Juana: “Para contar un cuento a los niños hay que tener en primer lugar, memoria y estudiarlo. También hay que ponerle arte para contar la historia y además hay que echarle gracia y  acompañar lo que se dice con gestos y movimientos…” Y, mientras habla, hace una muestra de los gestos, que acompañando al lenguaje verbal, hacen que el mensaje de cada cuento llegue a los niños y niñas de forma mucho más impactante y que los más pequeños se metan dentro de la historia. Se ve que Juana vive y disfruta con en estas visitas  a los colegios. Por otra parte, dice que “hay que preguntarles, decirles las cosas, sonsacarles y hacer que participen de la actividad. Además, no son los cuentos más conocidos como los de Caperucita o Blancanieves y los Siete Enanitos. Son los cuentos que se han contado tradicionalmente aquí y que muchos de estos niños nunca han escuchado. Y, como en todos los cuentos, al final siempre hay una moraleja”, explica.

Otra de las actividades en las que Juana participa, y una de las que más le gusta, es el taller denominado “Jugar no cuesta tanto”. Con este proyecto los días antes de Navidad van a los diferentes colegios y les cuentan los juguetes que les echaban los Reyes Magos cuando ellos  eran niños. “Les explicamos que eran –los Reyes- muy pobres, y que eran muy pocos”, explica Juana, “fuimos un día a un colegio, y les enseñamos a saltar a la comba y a tirar el trompo. Y, a la semana siguiente, me encontré a la maestra y me dijo: “Si tú vieras cómo están los niños, los padres les han comprado el trompo y ahora están todo el día jugando en el recreo…”, porque ellos nunca habían jugado a ese juego”.

Juana asegura que ella es feliz haciendo estas cosas, “la felicidad que tengo de hacerlo, porque a mí no me regalan nada por hacerlas. Yo es que tengo un genio muy alegre” asegura Juana cuando  se le pregunta por las razones por las que participa en estas actividades, “además, hago todo esto, porque no puedo estar quieta”.

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