Si no aprovechas tus talentos, estás malgastando gran parte de tu vida
José Tena Muñoz
José Tena Muñoz siempre ha sido una persona muy activa. Comenzó a trabajar en un almacén de cereales cuando era muy joven. Después encontró trabajo como administrativo en una fábrica de harina. Y por último, entró en Correos por oposición, donde llegó a ser el Jefe de Correos de Berlanga.
Se casó, tuvo cuatro hijas, ayudaba a su mujer en casa pero, más allá de las obligaciones laborales o de las responsabilidades familiares, siempre anduvo implicado en diferentes grupos. Se unió a una peña del Atlético de Madrid, participó en diferentes Hermandades de la Semana Santa de Llerena –su pueblo-, en la provincia de Badajoz, fue Presidente de Cáritas Parroquial. Siempre manteniéndose activo, y siempre ayudando a los demás.
En la entrevista nos cuenta muchas anécdotas relacionadas con esta motivación solidaria que ha marcado siempre su vida. En su etapa laboral, al principio de la transición española, ayudó a muchas personas orientándolas para obtener pensiones o recursos a los que tenían derecho. Pero también vivió en sus propias carnes el viejo refrán de “con la Iglesia hemos topado” porque en una ocasión, cuando las condiciones de vida de la sociedad española eran aún bastante calamitosas, no dudó en decir a su párroco que cierta cantidad de dinero se estaba utilizando indebidamente para otros fines nada claros, mientras había personas bastante necesitadas en la parroquia. No fue fácil, dice, “la cosa me quitó el sueño varias noches, pero lo estuve pensando unos días y, aunque me costara un enfrentamiento, no me podía quedar callado ante lo que para mí era una clara injusticia. Me costó, efectivamente, un enfrentamiento, pero se lo dije”. José es una persona sencilla que no se da importancia por sus acciones, aunque eso sí, no puede disimular una pícara sonrisa cuando nos dice que al final, cuando trasladaron al sacerdote a otro pueblo, “me llamó y me pidió perdón por aquél incidente”.
Así transcurrió su etapa laboral, siempre intentando ser útil más allá de su familia o de su trabajo. Por eso, nos cuenta, cuando se jubiló lo pasó muy mal. “De ser un hombre tan activo, que constantemente estaba pendiente de los demás. Cuando a los 60 años, me dijeron que tenía que jubilarme, porque ya llevaba 40 años cotizados, al principio, casi me costó una medio enfermedad”, asegura José.
Menos mal, que apareció José Antonio, el Presidente del Hogar del Pensionista de Llerena, y le propuso colaborar en el Hogar, que por aquel entonces se hallaba en sus horas más bajas. En aquella época, no llegaban a los 70 socios. Ahora son más de 730 las personas que participan en el Hogar. Todo esto, gracias a la multitud de actividades y talleres lúdicos y culturales, que en los últimos años, se han puesto en marcha.
Cuando empezó a colaborar con el Hogar del Pensionista de su pueblo recuperó su forma de ser habitual, la alegría y la ilusión. Junto al resto de miembros de la directiva está permanentemente ideando propuestas que amplíen la oferta de actividades para los socios con talleres de distinto tipo, gimnasia, convivencias, viajes... Se siente especialmente orgulloso del incremento tan notable de asociados y de la oferta permanentemente renovada de actividades. “Yo le pregunto a muchos amigos míos: ¿Qué sería de los jubilados, sólo pensando que no tienen nada que hacer?” manifiesta José. “No entiendo que personas teniendo cualidades para muchas cosas, estén en un estado pasivo”.
El envejecimiento activo, para José, consiste en ayudar y apoyar a los demás. Sin embargo, le entristece el que haya tan poca gente que quiera desarrollar esta motivación. Cree que debería haber más personas dispuestas a echar una mano en la asociación a la que pertenecen. La cosa, dice, no consiste solo en ir a beneficiarte de lo que tiene tu asociación sino de que tú también aportes algo de tus cualidades, algo de tu tiempo. José tiene muy claro que lo que le gusta es ayudar a los demás, siempre ha sido así. Desde siempre su opinión ha sido que “cada persona recibe unos talentos que debe explotarlos. Si una persona no aprovecha las capacidades que tiene, está malgastando gran parte de su vida”.
Otra de sus ocupaciones es fomentar el voluntariado organizado. Siempre está dispuesto a animar a otras personas a que se apunten al voluntariado. De hecho él es el responsable del grupo de voluntariado en el Hogar del Pensionista y él también colabora con varias ONGD (ONG para el Desarrollo), juntando materiales o fondos para ayudar en proyectos de desarrollo en países empobrecidos, principalmente en África.
Una de sus actividades frecuentes en este campo de la solidaridad internacional consiste en colaborar con la venta de papeletas de rifas solidarias, y una de sus expresiones más repetidas es “mándame más papeletas que pronto tenemos una excursión –o una comida- y voy a poder vender más”. Y otra de estas actividades es la recogida de gafas graduadas, inservibles ya para sus dueños, pero que están aún en buen uso. José siempre tiene instalada una caja en el Hogar con el letrero “gafas solidarias” y a cada instante hace un envío a través de una ONG que, a su vez, las hace llegar a países africanos donde cada verano un grupo de especialistas voluntarios gradúan la vista a varios miles de personas.
José siente una gran satisfacción por la labor que realiza, por hacer el bien a los demás. Como dice, “la verdad es que la satisfacción que me produce, es ser útil a la sociedad, no ser una carga y tener amigos”. Asegura que muchas veces encuentra amigos sinceros, en las personas a las que ayudan. Son hombres y mujeres a las que les falta conocimiento o que nunca han salido de un círculo muy reducido, y a las que tú les abres un círculo de amistad, de cultura, de actividades. Además, admite, que estas personas se lo agradecen infinitamente.
También nos habla de las relaciones intergeneracionales. Es partidario, de que “cada pocos meses, haya reuniones y charlas con personas más jóvenes”. Conversaciones donde todos puedan aprender. José asegura que “los niños y jóvenes tienen más cultura, más conocimiento y manejan mejor las nuevas tecnologías, pero las personas mayores les pueden aportar muchas cualidades, muchas experiencias, de cómo lo pasamos o de cómo estábamos y cómo era la vida cuando nosotros teníamos su edad”. Una de las tareas que trae entre manos cuando hablamos con él es la publicación de un libro, que ya está en imprenta, con todas estas experiencias.
José quita mérito a su labor diciendo que “las personas voluntarias hacen lo que pueden”. Porque, asegura, que el que se jubila, si aporta algo a la sociedad y hace feliz a los demás, siente un gran regocijo. Para alguien tan activo, como lo ha sido José en su vida, su lema es “Tenemos que ser mayores activos, porque el cuerpo nos lo agradece”.
José Tena Muñoz