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El día de mañana, los niños, se van a alegrar de saber una cosa más

Lorenzo Gallego de Alba

Lorenzo Gallego de Alba ha pasado su vida laboral entre el campo de Chiclana de la Frontera y las salinas de San Fernando, en la provincia de Cádiz. A pesar de las pocas posibilidades que había cuando era un niño, sus padres quisieron que estudiara, al menos lo básico, pero tras varios intentos se dieron por vencidos ya que a él no le gustaba  estudiar.

Hoy, con 84 años él mismo se siente sorprendido, y contento a la vez, de la labor que realiza en un proyecto intergeneracional con adolescentes del Instituto Fernando Quiñones de Chiclana.

 Cuando sólo era un niño de cinco o seis años, nos cuenta que consiguió su primer “empleo”, la primera forma de ganarse la vida, como lazarillo de un ciego. Su única remuneración era uno de los cupones que vendía y la mitad de una ración de churros. Después, sus padres intentaron que fuera a la escuela. Y aunque acudió durante algún tiempo les decía que aquello no era para él, por lo que decidieron sacarlo del colegio y buscarle algún trabajillo. 

Ya con ocho o nueve años, comenzó a trabajar como aguador, recorriendo las calles de Chiclana con  un carro, llevando y vendiendo agua a las personas que lo requerían. Pero sus padres no perdían la ilusión de que Lorenzo, su único hijo varón, estudiara algo, por lo que a la vez le apuntaron a un colegio nocturno. Pero, igual que la vez anterior, él no quería ir a clase.

Finalmente, nos cuenta que un día estando su padre en el campo, habló con el vecino de parcela que trabajaba en las salinas, para que buscara un hueco para su hijo con el fin de que aprendiera una profesión. Fue así como llegó a trabajar en las salinas, donde aprendió el oficio de salinero y desempeñó diferentes puestos de trabajo. De igual manera, su padre le había enseñado a trabajar el campo, por lo que desde abril hasta octubre, trabajaba en las salinas y el resto del año lo hacía en el campo de su padre.

 Cuando se jubiló llegó a la asociación de mayores de su barrio, Panzacola, y, nada más llegar, le preguntaron qué actividades sabía hacer y en qué le gustaría ocupar el tiempo. “Y les dije, yo la afición que tengo es la que he tenido siempre, que ha sido trabajar en el campo y en las salinas” cuenta Lorenzo. Y la respuesta fue inmediata. Necesitaban a alguien que supiera de campo para el nuevo proyecto que tenían con el instituto, un huerto para que los niños aprendieran también ciertas nociones del cultivo de distinto tipo de hortalizas. Además, Lorenzo decidió implicarse en este proyecto por cuestiones personales, él y su mujer no han tenido hijos, así que pensó que estar rodeado de tantos niños le daría un aliciente nuevo a su vida.

Desde hace varios años, a lo largo del curso escolar, Lorenzo y su compañero Mariano -otro compañero jubilado de la misma asociación pero bastante más joven que él- se dedican a enseñar a los alumnos de este instituto cómo se cuida cada una de las plantas que según la época del año van sembrando en el huerto que el centro educativo ha habilitado en sus propios terrenos. Reparte los diferentes trabajos entre los adolescentes y les explica las diferentes fases en el crecimiento de las plantas. Este año han plantando patatas, pimientos, guisantes, calabacines, acelgas, lechugas, rábanos, cebollas, ajos y una pequeña muestra de diferentes frutas. Nos cuenta que lo primero que se recoge se reparte entre el alumnado que participa en el huerto para que vean recompensado su trabajo.

Todavía, recuerda el primer día que fue al instituto a poner en marcha este taller, junto con su amigo Mariano. “Cuando entré en el instituto iba como asustado porque yo puedo decir que nunca había estado en colegio. Aquel edificio tan grandísimo, lleno de gente, chiquillos por todos lados…” explica Lorenzo. Sin embargo, ahora pasa todo lo contrario. “Ya me he ido acostumbrando, me gusta el ambiente y me siento un poco como en mi casa. Cada vez que llego al instituto, todos los maestros me saludan y los chiquillos están ilusionados con lo que vamos a hacer… y eso me entusiasma”, revela éste entre risas.

Durante los meses de verano, en especial desde que comienzan las vacaciones estivales y los “chiquillos” abandonan el centro, Lorenzo sigue pendiente del huerto. No hay día que no piense en este proyecto y se preocupa mucho cuando no puede ir a echarle un vistazo o a regar, porque explica que si siembras un árbol y no lo vas a cuidar, ¿para qué lo quieres?, y esa es la razón por la cual está tan pendiente de estas plantas.

Lorenzo es una persona de no muchas palabras. Él hace lo que hace pero no se encuentra demasiado cómodo contándolo, por eso a veces es necesario insistir un poco para que afloren todas las vivencias tan enriquecedoras que sabemos que él mismo experimenta en esta labor intergeneracional que, por otra parte, sabemos que es tan valorada por el profesorado del instituto Fernando Quiñones de Chiclana.

Cuando le preguntamos cómo beneficia esto al alumnado, nos dice que este proyecto es muy importante para el futuro de los alumnos del instituto, aunque ellos, ahora mismo no sean totalmente conscientes de ello. Y esta experiencia le recuerda cuando él tenía esa edad: “Es como cuando iba al campo, y veía a los hombres trabajando. Ellos me enseñaron muchas cosas diciéndome: ponte a hacer esto y ya verás cuando tú seas mayor lo que te va a servir. Ahora veo a los chiquillos, y pienso en lo mismo. Que aprendan que el día de mañana se van a alegrar de saber una cosa más, porque ya se sabe que “el saber no ocupa lugar”.

Aunque reconoce que empezar en este proyecto fue en gran parte fruto de la casualidad, manifiesta convencido que la experiencia le gustó y por eso lleva ya unos pocos años y está dispuesto a continuar. “Parece que me da vida. Me da fuerza para hacer estas cosas. Esto lo hago todos los días en mi campo porque es lo que he hecho toda mi vida y porque me gusta, pero cuando lo hago con los chiquillos es diferente, me da una energía distinta” cuenta Lorenzo. 

Además, piensa que la mayoría de los niños están contentos. “Los chiquillos me ven por la calle y me saludan y cuando es época de vacaciones me preguntan que cuándo vamos a empezar de nuevo. Yo creo que los niños están muy contentos. Y sus madres también lo están por todo esto que nosotros les estamos enseñando”.

 Lorenzo

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