Ante el maltrato en la vejez, abramos los ojos

El incremento de la esperanza de vida y el crecimiento del número de personas en nuestra sociedad está generando un importante abanico de necesidades sociales y sanitarias de distinto tipo.

Una de estas necesidades es “vivir en seguridad”, que a su vez” es una de las recomendaciones más importantes de la OMS para garantizar la calidad de vida en la vejez y uno de los pilares básicos en los que se fundamentan los contenidos de los distintos Libros Blancos del Envejecimiento Activo elaborados.

La seguridad es un factor fundamental para mantener el equilibrio vital del ser humano. Seguridad, no solo en la atención a las necesidades básicas de alimentación, vivienda, sociales, sanitarias… sino también a la seguridad de sentirse respetado en su libertad y derechos básicos y éstos siempre quedan violados en las situaciones de abuso y maltrato.

Por eso, CONFEMAC ha organizado en lo que va de este año tres “Jornadas contra el abuso y maltrato en la vejez” en Andalucía, Extremadura y Castilla y León, en las que han participado más de 600 profesionales y en las que se ha constatado la necesidad de garantizar la seguridad de las personas mayores ante las frecuentes situaciones en las que son víctimas de maltrato, tanto en el propio entorno familiar como en el ámbito institucional.

Las personas mayores, especialmente cuando la autonomía comienza a dar paso a la dependencia, se hacen más vulnerables que en edades anteriores y esas circunstancias son un importante factor de riesgo constatado al que cada vez se hace más urgente dar una respuesta adecuada.

El maltrato a las personas mayores es una realidad oculta, porque es poco conocida, y ocultada, porque hablar de ello genera muchos recelos. Pero lo peor de todo es el desconocimiento y el hecho de considerar como normales conductas que atentan contra la dignidad de las personas.

No es normal que decidan por una persona mayor mientras ésta pueda hacerlo por sí misma. Y eso sucede. Tampoco es normal que otros le controlen a dónde va o con quien se junta. Y eso también sucede. Ni es normal que se tomen decisiones sobre su casa, su patrimonio o sobre cómo organizar los posibles cuidados sin contar con ella. Todo esto sucede habitualmente y lo peor es que se considera como algo normal.

Yo quiero que me traten como lo que soy, una persona adulta. Me dolería muchísimo descubrir que han organizado a mi espaldas el ingreso en una residencia; y si estuviera en ella no me gustaría que me levantaran en invierno a las siete de la mañana y me dieran de cenar a las ocho de la tarde en pleno verano; me gustaría que quienes me cuiden, hablaran conmigo mientras me asean en vez de hablar entre ellos de lo que han hecho en el fin de semana. Porque yo no soy una mesa, soy una persona; y, por supuesto, si un día deambulara sin rumbo y tuviera riesgo de caerme, por favor, que quienes me cuiden sean creativos y busquen soluciones poniéndose en mi lugar, pero que no me aten ni me dejen medicado, todo el día dormido en un sillón.

Muchas de las personas dependientes o semidependientes que hoy son víctimas de algún tipo de maltrato, viven el llamado síndrome del bonsái, es decir, quien maltrata es también quien le dispensa los cuidados, y no es fácil intervenir ahí, aunque hay que seguir intentándolo.

Pero también podemos trabajar de cara al futuro. Tenemos el reto de sensibilizar, podría decir que “vacunar” a los mayores más jóvenes de hoy para que sepan defender sus derechos tanto ahora en la autonomía como en el futuro si llegan a generar dependencia.

Una de las metas prioritarias de CONFEMAC es la lucha contra el abuso y maltrato a las personas mayores. Porque el trato digno, un trato de excelencia es posible. Sencillamente, tal como a cada uno de nosotros nos gustaría ser tratados. Y por eso, desde este rincón, invito a que todos nos unamos en esta misión, sin olvidarnos de que la verdadera meta es el buen trato.

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